La Casa Milà es uno de los edificios más emblemáticos de la Barcelona de principios del siglo XX. Construida entre 1906 y 1910, la Casa Milà ocupa una esquina entera del Passeig de Gràcia en el Eixample de Barcelona. La rica familia Milà, que quería mudarse a Passeig de Gràcia como las familias burguesas más confortables de principios del siglo XX, dio a Antoni Gaudí la oportunidad perfecta para llevar a buen término uno de sus obras más completas.

Fachada de la Casa Milà, La Pedrera, de Antoni Gaudí
Fachada principal de la Casa Milà, La Pedrera.

La «Cantera»

También conocida como La Pedrera (expresión catalana para denominar una cantera de piedra), la Casa Milà debe su denominación popular a la controversia que provocó cuando se completó en 1910. La Pedrera es en realidad un apodo peyorativo dado al edificio por los barceloneses que se sorprendieron por el aspecto extravagante y sombrío de su fachada principal. La Casa Milà fue objeto de críticas y no fue comprendida por sus contemporáneos, que no entendían la ruptura con la estética del resto de los edificios de la zona. Su estructura inusual fue tema de burla y ridiculización y fue frecuentemente caricaturizada en numerosas publicaciones satíricas de la época.

Picarol, en la revista «Esquella de la Torratxa» (4 de enero de 1912). «El verdadero destino de la casa de Milà y Pi»: ser un garaje para zepelines.
Picarol, en la revista «Esquella de la Torratxa» (4 de enero de 1912). «El verdadero destino de la casa de Milà y Pi»: ser un garaje para zepelines.
La Pedrera caricaturizada en la Revista «El Diluvio» (5 de marzo de 1910)
Revista «El Diluvio» (5 de marzo de 1910).

Una construcción ilegal

La construcción del edificio entre 1906 y 1910 fue compleja y estuvo marcada por múltiples problemas financieros y legales. Milà tuvo que pagar varias multas porque el edificio era más grande de lo que permitía la ordenanza municipal en ese momento, lo que contribuyó al deterioro de la relación entre el propietario y el arquitecto. Gaudí, por su parte, siguió modificando su proyecto a medida que avanzaba el trabajo. Superó el presupuesto y no cumplió con los códigos de construcción del Ayuntamiento de Barcelona: el volumen construido era ilegal, el ático y la azotea superaban los máximos permitidos, y uno de los pilares de la fachada ocupaba parte de la acerca del Passeig de Gràcia.

Cuando Gaudí descubrió que un inspector municipal había hecho notar al constructor, el Sr. Bayó, las irregularidades en el edificio, dejó instrucciones muy precisas: si el inspector regresaba y la columna tenía que ser cortada, Gaudí colocaría una placa que indicara que “la sección de la columna que falta se ha cortado por orden del Ayuntamiento”.

La controversia no terminó aquí. La Comisión del Eixample certificó al final que el edificio tenía naturaleza artística y que no tenía por qué que cumplir estrictamente con las ordenanzas municipales, pero impuso a los Milà una multa de 100.000 pesetas para legalizar el edificio. La familia Milà se enfrentó con Gaudí por sus honorarios e incluso fueron a jucio por ellos. Gaudí ganó el pleito y los propietarios tuvieron que hipotecar la Casa Milà para pagar al arquitecto.

Gaudí donó la compensación recibida de la familia Milà a un convento de monjas.

Una obra orgánica

En ese momento, Gaudí estaba en su fase naturalista y en lo más alto de su poder creativo, por lo que la casa, inspirada en las formas orgánicas de la naturaleza, tiene un superficie ondulada y sin rigidez volumétrica. La fachada de la Casa Milà se parece al mar en movimiento, las olas interactúan con los motivos de algas en las rejas en hierro forjado de los balcones. El arquitecto creó un edificio asombroso, centralizado en torno a dos patios interiores que proporcionan ventilación y luz a los 16 apartamentos, una innovación importante en este tipo de edificios en esa época.

En el exterior, es de notar que la fachada de La Pedrera no tiene carácter estructural: en lugar de cumplir la función tradicional de muro de carga, es un muro cortina. Los bloques de piedra de la fachada (más de 6.000) están conectados a la estructura por componentes metálicos, lo que hace posible amplios ventanales en la fachada.

Los grandes bloques de piedra en la fachada son un tipo de piel que cubre el esqueleto de un edificio libre de muros de carga.

Las rejas de Josep Maria Jujol

Las complejas y expresivas rejas de hierro de los 32 balcones de La Pedrera son obra de Josep Maria Jujol y se forjaron con chatarra: barras y cadenas de hierro en una acumulación inusual pero notablemente efectiva que complementa la arquitectura y aporta un elemento decorativo. Se las considera como las precursoras de la escultura abstracta del siglo XX.

La Casa Milà (La Pedrera) sin balcones antes de la finalización de las obras.
La Casa Milà sin balcones antes de la finalización de las obras.

Las puertas principales facilitan la entrada y salida del edificio tanto a vehículos como a personas. Las planchas de vidrio de gran tamaño no existían en la época, por lo que Gaudí encaja una serie de paneles de formas irregulares, basados en animales y plantas, creando un área de pequeños zonas de vidrio en la parte inferior (donde corren un mayor riesgo de rotura) y colocando piezas más grandes y más luminosas en la parte superior.

La terraza accesible

Aparte de las impresionantes fachadas decoradas, otra característica destacada de La Pedrera es la terraza en la azotea, con 30 chimeneas que representan guerreros petrificados y que forman un jardín de esculturas al aire libre.

Las chimeneas de la azotea de la Casa Milà, La Pedrera, de Antoni Gaudí
Las chimeneas de la azotea de la Casa Milà.

El poderoso simbolismo religioso que Gaudí imbuye al edificio ha dado lugar a varias interpretaciones.

En el interior, una de las soluciones más ingeniosas de Gaudí es el sistema estructural de pilares de piedra, ladrillo o hierro que, al eliminar la necesidad de muros de carga, lo hizo posible la libre distribución del espacio interior de los apartamentos.

El interior

La distribución de los apartamentos se caracteriza por su geometría irregular y su organización interna bien definida, destinada a aprovechar al máximo una fachada principal orientada al sur. Las personas circulan dentro del edificio a través de anchos corredores iluminados alrededor de los patios. Los ascensores proporcionan acceso directo a la entrada de los apartamentos en cada planta. Cada planta está dividida en cuatro apartamentos de tal manera que todos tienen acceso a la fachada principal.

Los techos dentro de los apartamentos de la Casa Milà son muy variados: algunos poseen alto relieves, otros llevan inscripciones e incluso poemas. Todos ellos aportan continuidad a los ritmos ondulantes de la fachada.

Los diseños de Gaudí parecen querer expresar la materia y las fuerzas de la naturaleza entregadas a su espontaneidad y, al mismo tiempo, unir cultura y tradición en el contexto del Modernismo.

Los motivos decorativos y las formas constituyen un nuevo arte plástico nunca antes visto a pesar de surgir de formas ornamentales geométricas clásicas, como una simple circunferencia y su transformación en elipses, espirales y volutas.

El suelo de baldosas de cemento diseñado por Antoni Gaudí para la Casa Batlló consistía en piezas hexagonales azules con motivos marinos. El arquitecto no usó esas baldosas en la Casa Batlló, pero las reutilizó en la Casa Milà. Ahora este diseño pavimenta todo el Passeig de Gràcia.

Unos propietarios descontentos

A pesar de la belleza de la casa diseñada por Gaudí, a Roser Segimon, esposa de Pere Milà, nunca le gustó la decoración, incluidos los muebles, que Gaudí diseñó para su apartamento. Cuando el arquitecto murió en 1926, la propietaria no dudó en cambiar completamente la decoración, optando por un estilo más convencional. Las habitaciones afectadas fueron el salón de baile, el vestíbulo, los altillos, la oficina, el salón, el comedor, el dormitorio y el pasillo. Además, se retiraron los suelos de parquet y las persianas y se reemplazaron veinte puertas y ventanas.

La Pedrera: «Álbum d’architecture moderne à Barcelone: Collection of 70 planches». Barcelona, 1911.
«Álbum d’architecture moderne à Barcelone: Collection of 70 planches». Barcelona, 1911.

Finalmente, en 1946, Roser Segimon, que por entonces llevaba seis años viuda, vendió el edificio a la Immobiliària Provença, aunque continuó viviendo en el apartamento de la planta principal hasta su muerte en 1964. La Pedrera es actualmente propiedad de la Fundació Catalunya-La Pedrera. La Fundación mantiene la azotea y el ático abiertos al público, y ofrece una exposición sobre Gaudí y su obra. Algunos de los apartamentos son privados y el principal se ha convertido en una sala de exposiciones.

Explorar La Pedrera significa acceder al universo privado de Gaudí, un mundo lleno de fantasía y formas imposibles que impresiona a todos sus visitantes.

Patrimonio de la Humanidad

La Casa Milà fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1984. Hay tres áreas abiertas al público: el espacio del ático de ensueño, con arcos de catenaria de ladrillo; la azotea, donde las chimeneas recuerdan la silueta de los guerreros que se alzan entre las dunas del desierto; y finalmente un apartamento de la época.


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